La última parralina que confecciona escobas

Historia.  Buscando distraerse y salir de la rutina, Julia asiste todos los jueves a las actividades que organiza el Programa para el Adulto Mayor de Parral.

PARRAL. Julia tiene la impresión de ser la última parralina que fabrica escobas artesanales en la ciudad. Sí sabe de “un caballero” que vive en el cercano pueblo de Copihue y las hace y vende en la feria libre de Parral miércoles y sábados. Competencia no hay mucha, pero eso a ella no le importa demasiado, porque las confecciona nada más que para distraerse y sentirse útil.

“Hace más de 40 años que aprendí a hacer escobas. Nunca lo vi como un negocio y eso que antes no existían los escobillones como hoy. Entonces la gente tenía que arreglárselas para barrer. Yo las hacía para ayudar a mi familia”.

Como la hija mayor de una camada de 10 hermanos, todo aporte a la casa era apreciado. “Era mi tío el que vivía de esto. Hacía más de 30 al día y las vendía, la mayoría por encargos”.

Lo que sí la apasiona son las actividades que organiza el Programa de Atención Domiciliaria del Adulto Mayor (Padam) de Parral. Jugar a las cartas, lotería, tomar mate y compartir con sus compañeros es lo que más le gusta hacer.

“No hay jueves en que no sea ella la primera en llegar y disfrutar al máximo”, comenta Lorena Bravo, encargada del programa social especializado que funciona en Parral. “Es una mujer muy alegre, siempre anda muy maquillada. Le gustan mucho los colores, porque dice que entregan vida”. Y Julia agrega: “Mi mamá se vestía con mucho color, se maquillaba harto y a mí me llamaba mucho la atención, pero mi papá era muy estricto y como yo era chica, al principio, no me dejaba. Ahora yo me maquillo todos los días, menos cuando ando enojada”.

MATRIMONIO

Con más de 60 años de matrimonio y seis hijos de entre 47 y 60 años, Julia y su marido Pedro Soto viven con la mayor de ellos, Raquel, que es quien se ocupa de él. “Es triste vivir con alguien con Alzheimer, porque no se tiene vida. Se debe estar pendiente en cada momento de la persona enferma. El Alzheimer le apareció hace unos 18 años. Un día, además, empezó a quedar ciego y se desorientó. Tuvo que dejar el trabajo de agricultor al que se había dedicado toda su vida”, dice ella.

Ante ese escenario, la distracción que las actividades de los jueves le generan a Julia, así como los tejidos que todavía fabrica, aunque menos que antes porque le duelen las manos, y hacer las escobas, son vitales para ella. “Aprendí mirando a mi tío, pero hace más de 15 años que no hacía una, porque él se fue de Parral y él era el que tenía la siembra de maíz para fabricarlas”, dijo. Retomar su fabricación se debe en gran medida a que esta actividad le sirve de entretención y a que su hijo ahora es el que tiene una siembra de maíz y le lleva las ramas.

Teniendo todos los elementos a mano, Julia demora una hora en hacer una escoba, previa preparación del maíz, que debe dejarse remojando la noche anterior. Alambre, clavos, huincha y palos de madera vienen a complementar la hechura de este tradicional objeto utilitario, que desgraciadamente no tuvo trascendencia en la familia de los Soto Castillo. “En alguna oportunidad vendí algunas, pero sólo cuando me las encargaban, cuando era más común hacerlas en la casa porque no existían los escobillones de plástico. Lamentable-mente, ninguno de mis hijos quiso aprender a hacerlas y ya en Parral no hay personas que las hagan”, subrayó.

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