En Parral reclaman como suya historia de la “Cueca del Guatón Loyola” y exigen reinstalar la verdad

PARRAL/TALCA. Junto con mostrar cuál fue el lugar real en donde ocurrieron los hechos que inspiraron la “Cueca del Guatón Loyola”, Juan Carlos Benavente, un descendiente directo de uno de los testigos de la pelea (Servando Benavente), está impulsando una campaña destinada a instalar la verdad histórica de la cueca y  un monolito.

Benavente recalca que los hechos que relata la tradicional cueca ocurrieron en Parral y por una mejor rima, posteriormente en una versión que hicieron “Los Perlas” se cambió el nombre del rodeo a Los Andes.

“Escrita en 1954 por Alejandro Gálvez Droguett,  ‘el Flaco Gálvez’  la cueca relata  lo ocurrido en Parral  al ciudadano  Eduardo Loyola Pérez;  el famoso ‘Guatón Loyola’, quien se vio envuelto en una pelea luego de participar en un  rodeo en el fundo de Santiago Urrieta Benavente.  En el lugar estuvo presente el propio autor de la cueca,  el ‘Flaco Gálvez’ quien era amigo del  ‘Guatón Loyola’, sostiene en una extensa y pormenorizada declaración Juan Carlos Benavente.

Agrega que según el relato de los testigos, en el casino del lugar  tres varones en estado de ebriedad comenzaron a molestar a las damas que atendían al público. Más tarde Eduardo Loyola sostuvo intercambios verbales con los  molestos asistentes, lo que fue subiendo de tono. La llegada de Carabineros no ayudó a bajar los ánimos. Lejos de eso, sirvió para autorizar la pelea. Comenzaron los golpes y en el desarrollo de la gresca, uno de los contrincantes tomó una silla y trató de impactar con ella al ‘Guatón Loyola’ que había caído al suelo. La intervención de un amigo de Loyola, ayudó a que uno de los agresores huyera del lugar.

“A contar de ese día, el ‘Guatón Loyola’ se inmortalizaría a través de la creatividad musical del Flaco Gálvez. Incluso la primera vez que se escuchó la cueca, el propio Eduardo Loyola tuvo el honor de bailarla. En 1956, por motivos de mejor rima, el dúo folclórico ‘Los Perlas’,  cambió la letra de Parral a Los Andes”, enfatiza Benavente.

Por último sostiene que: “En virtud de lo anterior estimamos que Parral requiere de un monolito que consagre el recuerdo de donde ocurrieron los hechos y una restitución histórica en el relato, toda vez que todo ocurrió en Parral y en su génesis la letra consignaba los hechos en Parral”, solicita Benavente a la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés.

INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA

Las declaraciones de Juan Carlos Benavente son ratificadas por una investigación realizada por el periodista Francisco Mouat, que plasmó en su libro “Chilenos de raza”, donde se enfatiza que la historia fue relatada por el propio protagonista en una entrevista publicada en el diario El Llanquihue de Puerto Montt, en la década de los 60.

Resulta que Mouat logró dar con la viuda de Eduardo Loyola, María Luisa Trivelli, quien junto a su hija Bernardita conservan el recorte del diario.

De acuerdo al testimonio del propio Loyola al matutino, todo sucedió en el fundo de Santiago Urrutia Benavente, conocido como “don Chanca”, hasta donde llegó junto a su amigo Mario Cassanello. Aunque, no era el único conocido suyo que estaba ahí, porque entre los convidados estaba Alejandro Gálvez, apodado “el Flaco” Gálvez, quien a la larga terminaría cumpliendo un rol principal en la historia de la pelea.

Todo comenzó cuando llegaron tres tipos hasta el casino del rodeo un poco pasados de copas, y comenzaron a molestar a las meseras. Luego se volvieron a topar en el bar, donde los palabrazos comenzaron a caldear los ánimos a tal punto, que carabineros debió intervenir.

“Los carabineros apaciguaron el asunto o trataron de hacerlo, pero como insistimos el oficial preguntó: “¿Quieren pelear?”, y como le dijimos que sí, entonces él puso las reglas, “nadie se mete, peleen”, dijo, y peleamos”, cuenta Loyola.

Y tal como lo dice la canción, el intrépido “Guatón” terminó bajo las mesas, en una riña que terminó inesperadamente cuando uno de sus amigos echó la mano atrás para tomar un manojo de llaves que pensaba utilizar como manopla, provocando la huida de su verdugo, que pensó que iba a sacar un arma de fuego.

EMBOSCADA MUSICAL

No habría pasado de ser una anécdota de borrachos, de no ser por el “Flaco Gálvez”, que esa misma noche compuso la cueca y urdió una especie de “emboscada musical” a su amigo.

Al día siguiente, Loyola volvió al rodeo en donde le pidieron que bailara con una de las candidatas a reina del rodeo, sin sospechar lo que se tramaba hasta que en los primeros versos de la cueca cayó en cuenta que estaban relatando su “hazaña”.

“El año 56 la grabaron Los Perlas y le cambiaron Parral por Los Andes. Dijeron que sonaba mejor. Pero el asunto fue en Parral”, aclaró el propio Loyola.

Finalmente, en agosto de 1978, a los 54 años, Eduardo Loyola Pérez falleció producto de complicaciones digestivas. Pese a su muerte, cada Fiestas Patrias su figura renace como el mismo habría querido, en medio del jolgorio y la alegría.

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