Trocar la adolescencia por la eternidad

Hoy martes y mañana miércoles 10 de julio se cumplen 137 años del homérico y desigual combate que tuvo lugar en el pueblito conocido como la Concepción, entre tropas regulares peruanas (casi 300 efectivos) más una numerosa indiada, que atacaron a los 77 chilenos que ocupaban y defendían ese sitio, en el marco de la guerra entre Chile y la confederación peruano-boliviana.

Todos ellos eran integrantes de la cuarta compañía del Regimiento Chacabuco, al mando del capitán Ignacio Carrera Pinto y el más joven de los oficiales era Luis Cruz Martínez, prácticamente un adolescente pues aún no cumplía los 17 años.

En aquel sangriento escenario la lucha duró casi un día y medio y el Subteniente Cruz más dos soldados fueron los últimos que se defendieron heroicamente hasta morir masacrados, en la madrugada del día 10.

Al estallar la guerra, Luis Cruz Martínez –que había nacido en Agosto de 1865 en la ciudad de Molina– cursaba el cuarto año de humanidades en el Liceo de Hombres de Curicó, siendo el alumno más aventajado del establecimiento.

Poseía una vasta memoria, inteligencia despejada, aunque demasiado tierna y una conducta ejemplar, todas las cuales, eran prendas que auguraban al estudiante un porvenir seguro y un sólido bienestar familiar.

Pero había en el alma de ese muchacho un acendrado amor por la patria y al unirse voluntariamente al regimiento de Curicó en 1879, él no podía saber que con esa decisión estaba trocando el resto de su vida entera, por la aureola de eternidad que marca a todos los héroes.

Desde la década del 60, del siglo pasado, ese colegio –que había sido creado en 1838– lleva orgullosamente el nombre de aquel exalumno excepcional y modelo de virtudes.

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