Lo relativo del centralismo

Independiente del origen de la palabra “provincia” –que parece ser algo controversial– es preciso reconocer que a veces este término suele usarse con cierto tono despectivo,  especialmente en países como Chile, con su larguísima y angosta geografía y que se rige por un gobierno republicano unitario y con una capital (Santiago) que concentra casi una cuarta parte de toda la población.

Hace poco menos de un siglo, vivir en Santiago, fue la aspiración de muchos “provincianos” (quizás demasiados) que buscaban mejorar su estándar de vida y a poco andar, se fue produciendo el fenómeno social que era fácil de prever: la situación se fue haciendo caótica y anárquica en muchos sentidos.

Pero en otros planos, siempre existen quejas sociales y políticas que hablan con malestar de las desventajas del “centralismo” y que…“casi todo se lo lleva Santiago”.

Tal vez involuntariamente, algunos medios de comunicación santiaguinos exageran la importancia a algunos eventos ocurridos en la región metropolitana y disminuyen la importancia o trascendencia de lo que sucede en regiones.

Sin embargo, hay aspectos que, en determinadas circunstancias, favorecen a las provincias y, más concretamente, a los habitantes de pequeñas y apacibles localidades campesinas y eso es algo que para muchos es impagable.

Precisamente este día, 11 de septiembre, es (desde hace ya varias décadas) fuente de peligrosos estallidos de violencia y agresividad que por lo general, deja huellas de un vandalismo irracional  y muchas personas heridas y otras detenidas y formalizadas.

Algo similar puede ocurrir en las capitales de las ciudades más grandes y también superpobladas, pero la situación va perdiendo “fuerza” hacia el interior, permitiendo una vida más normal.

Es lo relativo del centralismo… gracias a Dios.

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