El fatal drama de los incendios domiciliarios

Este martes recién pasado un incendio estructural en un inmueble del sector de Santa Fe, en el barrio norponiente de Curicó, provocó grandes daños materiales y dejó en la calle a varios inmigrantes haitianos que vivían en hacinadas y precarias condiciones en el segundo piso de ese local.

Curiosamente el siniestro se produjo cerca de la una de la tarde y no en horas de la noche que es cuando -especialmente en los meses de invierno, con bajas temperaturas- se genera la mayor parte de estos verdaderos dramas y suelen tener su origen en aparatos para calefacción o simplemente braseros. Lamentablemente, estos tristes y conmovedores episodios sociales y humanos conforman una realidad permanente en nuestro país y casi cada semana se sabe de incendios en que incluso mueren niños o ancianos. Sin duda falta mucha conciencia pública acerca de estos siniestros de los cuales nadie está a salvo pero cuyo número disminuiría notoriamente si hubiera un mayor espíritu de prevención y conocimientos acerca de la forma como surgen y se propagan los focos de fuego, como también las medidas de precaución que deberían tomarse.

Prácticamente todos los incendios son rápidos y en menos de 30 segundos, una pequeña llama puede convertirse en un gran incendio. Bastan unos minutos para que una vivienda quede llena de espeso humo negro o envuelta en llamas y si en el piso el calor llega a los 40 grados, a la altura de los ojos puede llegar a los 300 grados. El humo y los gases tóxicos matan más personas que las llamas. El fuego produce gases venenosos que desorientan y marean.

La asfixia es la causa principal de muertes por incendios, excediendo las quemaduras en una proporción de tres a uno. Por todo eso es indispensable ser previsores y actuar pensando en lo que podría ocurrir en cualquier momento.

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