Alarmante realidad de los niños que fuman en Chile

Según el último informe de la Organización Paname-ricana de la Salud (OPS), Chile lidera el ranking de países donde más se fuma. Nuestro país registró los peores índices del continente, seguido por Bolivia y Estados Unidos, con un 35% de adultos fumadores y un 35,1% de los menores de 15 años ya iniciados en el consumo de cigarrillos.
En Chile el 10% de niños de 8 años que están en quinto básico ha fumado; el 37% de todos los escolares que salen de cuarto año fuma y el 42% de la población chilena consume cigarrillos, según la Dra. Carolina Herrera, presidenta de la Sociedad Chilena de Enfermedades Respira-torias (SER).
“Tenemos claro que el tabaquismo es una epidemia mundial y tiene que ver mucho con el comportamiento de las personas pero también tiene relación con el efecto del tabaco en el cerebro”, subraya la médico broncopulmonar.
“Cuando un gobierno establece una política de salud que se basa en la elección personal, cuyo slogan es “elige no fumar” esto tiene que ser hecho con real justicia, porque cuando un niño es fumador pasivo no le cabe la posibilidad de elegir, él ya está recibiendo sobre su organismo el efecto del tabaco, lo que se traduce que va a tener recompensa con el humo al inhalarlo y el síndrome de privación al no recibirlo, por lo tanto la conducta de los adultos sobre los niños es crucial”, advierte la también académica de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello.

Importancia de la conducta
Si un niño se cría en un ambiente en que los padres fuman, por solo respirar el humo del tabaco se puede hacer adicto a él. Así lo asegura la presidenta de la SER, quien además afirma que “la adicción es tan precoz como que se puede desarrollar “in utero”, es decir, si una madre fuma durante el embarazo no sólo va a tener niños con riesgo de prematuridad y de menor peso al nacer, sino que ese hijo tiene mayor riesgo de adicción en su juventud”.
La Dra. Herrera aclara que los niños que ven a los demás fumar, tienen con este hecho una incidencia en su propia conducta. “No todos los niños son iguales, hay algunos que tienen más predisposición al tabaquismo y algunos menor o algunos nunca fuman. Los que nunca fuman y quienes tienen menos predisposición al tabaquismo están relacionados con un perfil de personalidad más firme, de mejor rendimiento escolar y más entusiasmo por los deportes. Mientras que aquel que tiene un perfil más depresivo, que imita más, tendrá una mayor predisposición a fumar y si ven fumar a sus profesores o padres fumarán más precozmente”, dice.
La académica de la UNAB y especialista es categórica: “No hay dosis menor, no hay cigarrillo bueno, toda la dosis de inhalación de segunda mano ni siquiera la recibes con el filtro, sino que directamente, lo que consiste en 50 cancerígenos, 4 mil sustancias toxicas, por ello que cada cigarrillo acorta minutos de vida útil”, comenta.

Cómo cambia el cerebro de un niño
Cuando uno fuma, el humo del tabaco estimula unas zonas del cerebro que producen placer y recompensa, por lo tanto, cuando uno inhala se siente aliviado. Según explica la Dra. Herrera, “uno deja de fumar, pasa un rato, quiere volver a hacerlo y rápidamente aparecen los síntomas de la deprivación, por lo tanto, es un doble mecanismo de captura de la adicción. Es un efecto bioquímico, pero el efecto del aprendizaje y comportamiento humano también es importante”, advierte.
En Chile hubo un avance respecto a la lucha antitabaco. Desde el 2005, se logró una disminución del 42 por ciento al 35 en el tabaquismo infantil. “En el gobierno del presidente Piñera se estableció como una meta sanitaria para la década que se tiene que disminuir en un 5% el tabaquismo. Uno piensa que no es una cifra tan grande pero es enorme si se considera que hay un 35 por ciento de la población que fuma”, afirma.

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