Adelanto. Se unirá esta zona con una de las más legendarias aldeas de esta provincia, en otros tiempos inserta en un trazado ferroviario que no prosperó, cuya línea pretendía conectarse con Quirihue-Puerto Tomé.
Cauquenes. Esta aldea ubicada a unos 27 kilómetros al sur de esta ciudad, a decir verdad, la fecha de su fundación está en nebulosa. Desde tiempos inmemoriales, este asentamiento humano enclavado en las serranías que interrumpen el valle central por el lado sur oriente, durante años fue conocido por sus minas de oro, mineral que según dicen atrajo la atención de los incas, quienes se conectaron durante el avance atravesando el Maule Sur.
Cuentan que su nombre Pocillas proviene de una serie de “pocillos” de piedra labrados en los cerros circundantes, por los originarios cuya utilidad, aciertan, estaban destinados para coger agua de lluvia y además como utensilios de cocina donde preparaban sus alimentos.
Estas piedras tacitas es fácil ubicarlas en las laderas de los cerros, como también algunos vestigios de pucará, fortificaciones levantadas por el inca en los alminares más altos que se encuentran dentro de su relieve montés.
Leyenda pura
Según se establece en algunos textos, Pocillas fue por largo tiempo una comuna albergando todo lo necesario para su administración, incluyendo una tesorería. Este gobierno propio dio auge a la zona llegando al pueblo gente que vive aún en Ñiquén, que ahora es parte de la región del Biobío e incluso de San Carlos, cuyos habitantes se movían por los enredados caminos rurales, conectándose incluso con Chillán por el secano interior.
Su actividad económica: la ganadería y sus minas de oro, como también de caolín que producen los cerros vecinos, excavaciones que están a la vista del explorador, llevó a pensar que bien podría desarrollarse en plenitud, con el tendido ferroviario propenso a unir el Maule por el interior hacia Quirihue y Tomé, intención que fue truncada por diversos motivos, entre ellos, su costo, carencia de tecnología y otros ítems.
Narran los más antiguos, quienes dejaron cuentos en la memoria colectiva, que Pocillas fue un lugar de descanso de las hordas de los Pincheira, en su cabalgar dentro de la zona tras azotar campos y haciendas.
La banda, añaden los informadores, se asentaba en Pocillas durante días fiesteando y luego, repuestos, atravesaban el río Perquilauquén, por el vado sur, en busca de su refugio emplazado en la famosa cueva cercana a Recinto, bordeando los ríos Cato y Ñuble.
Los Pincheira están registrados en el “bandidaje chileno”, junto con Neira y otros más menos famosos.
Ahora
En nuestros días, Pocillas es un lugar lejano en el tiempo. Sus más de mil habitante dejan pasar su tiempo criando ovejas, cultivando viñedos y también fabricando aguardiente en las quebradas.
Para sacar del enclaustramiento, el alcalde Muñoz Rojas ideó la remodelación de su plaza, cuyo costo asciende a los 180 millones de pesos, con el fin de incluirlas en “una ruta de las aldeas, para fomentar el turismo rural auténticamente campesino”.
El edil dice: “la idea es igual a las rutas históricas que se están llevando a cabo”.
Como complemento a esta iniciativa alcaldicia, el gobernador de la provincia, Guillermo García González, anunció con motivo de celebrarse un nuevo aniversario del barrio Estación de Cauquenes, la pavimentación asfáltica el camino partiendo del sector de la Difunta Correa hasta el cruce de su similar que lleva hacia San Carlos-Chillán, desde el kilómetro 3,2 hasta el 10,8, usando para aquello recursos del Ministerio de Obras Públicas.
Sobre lo mismo García señaló que además se asfaltará el tramo Difunta Correa hacia la población Loyola con fondos del Gobierno Regional.