Lo bueno, lo malo y lo feo: en playas de Pelluhue y Curanipe

Veraneantes. Alaban las bellezas naturales, los pescados y mariscos y sus arenas negras, pero se quejan de los precios de arrendamientos y de la carencia de servicios higiénicos químicos en las playas como también del pésimo aspecto de los basurales en las calles

Pelluhue, Curanipe. Todos los ojos durante todos los veranos, se posan en la costa de la comuna de Pelluhue, la razón: su entorno especial, los roqueríos y las extensas playa que abren con sus arenas negras por kilómetros. Además, la oferta de productos frescos del mar, como también entretenciones, seguridad, caletas, festivales con profunda tradición campesina y otras bondades, que llegan a lo familiar, lo que no ocurre en otros puntos del litoral chileno. Y sobre todo, el acceso, tan fácil, que se hace a través de una excelente carretera, que costó, rehacerla en unos 17 kilómetros, más de 6 mil millones de pesos, obra que fuera abierta hace un año. Cauquenes-Pelluhue, tiempo empleado, a unos 80 k/h, 35 minutos más o menos. Y al borde de la ruta: el parque nacional Los Ruiles, que alberga a estos árboles fósiles vivientes, rastros del bosque valdiviano, en plena montaña. Este  altozano, es cuidado como  hueso santo por Conaf.
Para los surfistas, como aquellos que practican hare Scramble: una delicia. Las generosidades abundan, como su buena gente. Y el precio de las bencinas, es de 10 o 15 pesos más baratas que en Cauquenes. También hay farmacias y postas de primeros auxilios, en Pelluhue y Curanipe.
Es lo bueno.

Lo malo
Los altos precios que se cobran en las residenciales, casas para arriendo veraniego, cabañas, restaurantes, con excepción de las tradicionales papas fritas, cuyas fritangas en la calle principal de Pelluhue, ahogan al viajero, pero, reportan ganancias para los comerciantes.
Hay casos que por un día de arriendo de una modesta casa, o departamento o piezas superan el precio de iguales moradas en la avenida  del Mar,  en La Serena, con la diferencia que en la capital de la Región de Coquimbo, las comodidades van desde piscina, terrazas y, al borde de la playa. Eso molesta a los veraneantes y por supuesto al bolsillo.
Esta mala costumbre chilena de hacerse rico en un minuto, sea para el Año Nuevo u otras festividades y en verano, ahuyenta.

Lo feo
Sin desmentidos. En todas las playas solaneras de esta comuna, no existe caseta química que socorra las necesidades básicas de los concurrentes a estos balnearios.
Cada día es más frecuente la ola de paseantes que buscan refugio de la canícula en el borde costero, esta presencia donde se anotan turistas extranjeros, de todas las banderas sudamericanas, en especial surfistas, incluso franceses, australianos,  el panorama sanitario en la playa no es de los mejores. Es preciso que  se dote de comodidades higiénicas elementales, sobre todo que los llamados doble vece (WC) sintéticos son una solución al alcance de la mano y del bolsillo municipal. Los roqueríos que abundan prestan servicios inmediatos, pero no es la solución.
Es lo feo, subrayan los concurrentes.
A esto se allega el desborde de residuos domiciliarios -en las calles- que se observa en los tachos receptores, los días domingo. Pésimo aspecto. Es más de lo malo.

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