Descarada. Provocativa. Transgresiva. ¿Cuál sería el adjetivo calificativo más adecuado para esta película?
No conozco a Marialy Rivas y espero conocerla después que lea estas líneas. Valga la aclaración, porque no quiero aparecer con prejuicio alguno. Sólo quiero dar mi opinión como crítico o como simple espectador.
Esta es una película directa, que no se pierde ni en gastados eufemismos ni en inútiles esteticismos.
Me hizo recordar una película sueca, que nunca se estrenó en Chile y que produjo gran escándalo en su tiempo: Soy curiosa de Vilgot Sjöman (1967), en el que jovencita, interpretada por Lena Nyman reporteaba la “revolución” sexual pasando de cama en cama. Tuve que esperar 40 años para verla, al tener la suerte de ir a Suecia y de poderla arrendar en un videoclub.
Iglesia Evangélica
En este caso, Daniela (Alicia Rodríguez) es una muchacha de 17 años, que busca su liberación a través del sexo de una familia opresora que –nada personal, según parece– milita en una Iglesia Evangélica.
Su ansiedad libertaria va unida a su fuerte carga hormonal, que la lleva a expresarse también en un facebook repleto de expresiones procaces, que no pretenden ser groseras, sino que se transforman en verdaderos gritos de dolor ante la imposible emancipación. Un ejemplo, repetido más de una vez: “¡Se me quema el choriflay!”.
Según los créditos, el guión (en el que, además de Marialy Rivas, pusieron mano Pedro Peirano, Sebastián Sepúlveda y –autobiográficamente–Camila Gutiérrez) está basado en hechos reales. Sin embargo, su estilo y su estética me recuerdan a Pier Paolo Pasolini, que no tuvo inconveniente en mostrar hombres con el pene al aire (“Lo hace porque es homosexual”, decían sus detractores) y en declarar: “Algunos no aceptan que para mí sea más importante hablar de sexo que hablar de política.”
La exhibición de cuerpos jóvenes desnudos (la cita Alicia, María Gracia Omegna, Felipe Pinto) y de escenas lésbicas podrá ser muy grata para los voyeristas, pero es además de una gran belleza estética. Por un lado, seguimos la búsqueda de la felicidad de Daniela con la esperanza de que pueda alcanzarla. Por otro lado, vemos la inutilidad del mundo masculino, ya que los hombres son verdaderos monigotes sin alma: novio sin iniciativa, padre ausente, tío iconoclasta (decapita una imagen de la virgen). También están muy bien dados los personajes de la madre castradora (Aline Küppenheim) y de la tía redentora (Ingrid Isensee), que por su misma naturaleza buena tendrá una vida breve.
Si quiere hacerse su propia opinión, no le baste con lo que lee u oye decir: ¡Véala y discútala!
(Joven y alocada. Chile, 2010)
Por JOBLAR
Estoy de acuerdo con la crítica; el lenguaje cinematográfico difiere -afortunadamente- con lo que un análisis axiológico podría entregar respecto de una situación como la tratada en la cinta. El cine, como la ciencia, es, o debiera ser, amoral, dejando los juicios de tal naturaleza al cada espectador, de acuerdo a sus propios paradigmas. De éste modo puede constituir cabalmente lo que se ha dado en llamar “una propuesta”. El cine chileno en general, ha tratado temas polémicos y afortuna-damente lo ha hecho con los recursos que le son propios: su lenguaje. Particularmente en la película “Joven y alocada” hay belleza en escenas que, juzgadas ligeramente, podrían calificarse de inmorales, heréticas,o porno, sin embargo dentro del contexto y del buen tratamiento del tema, no difieren mucho de lo que un verso es a una poesía.
La película Sueca “Soy curiosa” sí se exibió en nuestro país en 1971o 1972 y tuve portuni- dad de verla en el cine Gran Palace.