“Es una vergüenza que uno de los hospitales más grandes de Chile no sea apoyado por subvención gubernamental”

El potente legado que dejó la Madre Irene García de Prado, tiene forma y nombre: el Hogar del Buen Samaritano, una institución de ribetes internacionales que tiene su casa matriz en Molina y que desde  hace 38 años funciona atendiendo a pacientes enfermos que no tienen espacio en otros lugares.
Luego del fallecimiento la semana pasada de la fundadora, la Fundación del Buen Samaritano con más fuerza toma las riendas del futuro del hogar. Su presidente, el economista Bernardo Fontaine Talavera, habló con La Prensa sobre los desafíos que vienen en el corto y largo plazo para esta obra.
“La Fundación renovó su compromiso con las Hermanas del Buen Samaritano en la misa fúnebre de la Madre Irene, y va a redoblar esfuerzos para establecer mayor ayuda para los gastos mensuales, sin perjuicio de seguir impulsando la campaña de construcción del cuarto pabellón”, afirmó Fontaine. “El cariño y admiración que mostró la gente en el funeral muestra el grado de adhesión a su obra. Creo que es una obra maravillosa que saca lo mejor de nosotros”.

LAS CIFRAS DE UN FINANCIAMIENTO MILAGROSO
El presidente de la fundación visitó esta semana, como siempre lo ha hecho, el Hogar de Molina, y dijo que “las hermanas están tristes pero tranquilas, empeñadas en seguir adelante. Enfrentando mil problemas prácticos”.
Y son esos problemas prácticos los que preocupan a la fundación. El gasto mensual para mantener solamente el Hogar de Molina asciende a no menos de 100 millones de pesos. “Casi 500 enfermos, con 150 funcionarios entre auxiliares, cocina, porteros, maestranza, enfermeros, que significan el gasto mensual más importante por concepto de remuneraciones, que alcanza más de la mitad del presupuesto”.
Fontaine también reveló los gastos extras que cada mes enfrenta la congregación. A una cuenta de luz entre los 5 y 10 millones de pesos –dependiendo de la temporada-, se suman: el gas, remedios, oxígenos, alimentos y tantos otros puntos que se mantienen en pos de la atención digna a los enfermos.
La pregunta es: ¿cómo se logra llegar a esta inmensa cantidad de dinero todos los meses? Y la respuesta sorprende. Solo donaciones. Apenas el 18% de estos 100 millones son cubiertos por Fonasa, otro 30% es de pensiones de algunos enfermos que entregan para su propio cuidado y el resto… se ve en el camino. A través de socios, donaciones particulares o ayuda anónima.
“Siempre están con un déficit de entre 20 y 30 millones de pesos, donde deben endeudarse con los bancos, y esperando algunas donaciones extra para tapar ese ‘hoyo’. La comunidad no puede seguir tolerando que esto suceda. Se necesita una base de financiamiento estable”, afirmó categórico Fontaine.

LA SORPRENDENTE CANTIDAD DE CAMAS
“Es una vergüenza que uno de los hospitales más grandes de Chile esté abandonado y no sea apoyado por ninguna subvención gubernamental”, expresó Fontaine. Y aquella observación no sale desde la subjetividad. Solo el hogar de Molina cuenta con 500 pacientes postrados en cama, una hospedería para personas en situación de calle y un policlínico de atención ambulatoria. Sin contar el proyecto del cuarto pabellón que adicionará 100 camas más.
Si se compara con la atención de salud pública, según cifras oficiales, el Hospital de Curicó cuenta actualmente con apenas 265 camas y el proyecto del nuevo edificio tendrá 400. Y por su parte, el Hospital Regional de Talca posee solo 545 camas. Los números no mienten.
“Yo hago un llamado a las autoridades; porque aunque acá no habrá votos de estos pacientes, sí hay enfermos terminales que merecen ‘morir como reyes’, tal como decía la Madre”, dice Fontaine.
Hay enfermos terminales pacientes seniles, que no pueden valerse por sí mismos, requieren cuidados médicos estrechos.

BENEFICIO TRIBUTARIO A EMPRESAS
Fontaine hace un llamado potente a las empresas locales del Maule para acompañar a las hermanas en esta titánica tarea de ayuda. “Necesitamos empresas, especialmente de la región, porque esta obra es un orgullo para esta zona”, y agrega, “hoy las empresas que donan a la congregación directamente o a través de la fundación, pueden contemplarlo como gasto tributario y obtener una rebaja”.
“Sin embargo, la ley es muy mezquina para estas organizaciones, porque es diferente con la ley de descuento tributario para educación, deporte y cultura”, afirma Fontaine dando mayor potencia a la necesidad de que los privados también se hagan parte de la ayuda.

CUARTO PABELLÓN
Otro punto urgente para la fundación, además del financiamiento estable, es el último proyecto que dejó pendiente la Madre Irene: la construcción de un cuarto pabellón para enfermos; sería de dos pisos, con 100 camas y el equipamiento médico y humano adecuado.
“Esta necesidad es indispensable y nació gracias a la visita al hogar de un norteamericano llamado Peter Fressler, que se conmovió con la obra y donó el dinero para la mitad de este nuevo pabellón, siempre y cuando los chilenos, se pongan con la otra mitad. En total, tenemos que reunir 1.500 millones de pesos. Queremos partir la obra gruesa cuanto antes”.
Se está planeando una colecta para este año y, según afirma Fontaine, la importancia que tiene la gran red de socios es clave, “queremos que crezcan porque es importante ampliar la base de apoyo de los socios. Esta obra siempre se ha financiado con aporte de todos en la medida que pueden. Los invito a reconocer y tener presente que no importa cuánto se dé, sino que lo importante es dar”.

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