El mítico Oriflama a la vista

La Trinchera. La parte superior se observa desde la orilla. Habría dejado de estar enterrado en la arena. La nueva estructura del mar, permite dar con su ubicación.

“En horas del mediodía del 27 de julio de 1770 y bajo una terrible tempestad de viento y agua, el capitán Feliciano Lottelier divisó el navío que venía por la costa y que al acudir con gente a la orilla del mar, ya estaba encallado sobre la misma reventazon y cerca de la desembocadura del Huenchullamí.
Desarbolado a ras de cubierta con la popa separada de la proa, y con alrededor de ocho hombres en el bauprés pidiendo socorro, el Oriflama se pierde para siempre con su tripulación bajo una fuerte tempestad la que impidió cualquier ayuda.
Al día siguiente aparecieron sobre la playa algunos cajones y fardos, fragmentos del casco y arboladura junto a 12 cadáveres”. Este relato está en la página www.oriflama s a.cl
A partir de esa fecha el paradero definitivo del Oriflama quedó en la más absoluta incógnita. Sin embargo, la desembocadura del río Huenchullamí, siempre fue un indicio y luego una serie de historias, respecto al millonario cargamento, que habría quedado junto a su estructura tirada en la playa. De ahí también el interés por recuperarlo. Una completa empresa ha trabajado en el proyecto de ubicación y ha surgido la propuesta para llegar hasta el lugar mismo donde se encuentra.

MULTA
Su último viaje, con destino al Callao, lo realizó posiblemente, en conserva del navío “San Joseph” alias “El Gallardo” (por cuanto este último conducía el registro del Oriflama por duplicado). Así el 18 de febrero de 1770 zarpó del puerto de Cádiz con una tripulación de 176 hombres y 38 pasajes, a cargo del capitán Joseph Antonio de Alzaga. Su Maestre, Joseph de Zavalsa se comprometió a viajar “derechamente” hacia el puerto de la mar del sur, sin tocar ningún otro puerto bajo pena de multa.
Con una carga total de 108,000 palmos cúbicos de mercancías y excediéndose en 3,584 palmos cúbicos las 628,5 toneladas de arqueo de su bodega. El Oriflama totaliza un registro igual a 436 que incluía: 1.658 cajones de todo tipo y 1.738 cajones arpillados conteniendo cristalería de la granja de San Ildefonso, por encargo del Rey para ser vendidos en el virreinato, en beneficio de las fábricas de Talavera. Este será sin dudas el cargamento más valioso a bordo y el objeto de todos los esfuerzos del rescate luego del naufragio.

BAJO LA ARENA
La información de su ubicación corrió por el país. Ahí en el sector de La Trinchera a doce metros de profundidad embancado en la arena estaría el navío con su cargamento millonario, en cristales y piezas preciosas.
Ahí la empresa trabajó intensamente y se habría confirmado la presencia del Oriflama. “Aquí trabajaron mucho, metían unos tubos para abajo y sacaban muestras. También sacaron algunas cosas”, contó en una oportunidad un pescador asiduo a ese solitario sector de la comuna de Curepto.
El lugar estaba completamente establecido. Ahí estaba enterrada la nave y la intención siempre ha sido sacarla a la superficie.

EN EL AGUA
En la actualidad, con los cambios ocurridos en el mar tras el terremoto del 27F, parte de la nave aparece en la superficie del mar, resistiendo el paso de las olas. “Ahí está el cañón superior del Oriflama”, nos muestra un conocedor del lugar.
Efectivamente, desde la orilla se divisa la estructura metálica. Más abajo estaría el resto de esa nave.
“El navío de línea de dos puentes “El Oriflama” fue construido para la armada Francesa en Toulon, en el año de 1743, por el ingeniero y constructor Pierre Blaise Coulomb (1699-1753), miembro de una destacada familia de constructores navales franceses.
El Oriflama poseía las siguientes dimensiones: 41,3 metros de eslora; 40,18 metros de quilla; 10,78 metros de manga; 4,0 metros de plan; 5,16 metros de puntal y 1,72 metros de entrepuentes, con un desplazamiento de 1,500 toneladas”, se expresa en la página de Internet..
Así sirvió a la Armada francesa hasta abril de 1761, cuando es capturado por los Ingleses, que estaban en guerra contra Francia desde 1756. No utilizándolo en su armada, fue transformado en navío mercante, conservando su nombre.
Aunque no sabemos con exactitud en virtud de qué circunstancias pasó a manos Españolas, suponemos que el hecho ocurriera a fines de diciembre de 1761, cuando en medio de la escalada de hostilidades que presagiaban la declaración de guerra entre España e Inglaterra, Carlos III ordena la captura de todos los barcos Ingleses anclados en puertos españoles. Entre los españoles mantuvo su condición de mercante pero se rebautiza con el nombre de “Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo”, pero siempre mantuvo el alias de “El Oriflama”.
Clausurándose la primera batería de cañones para transformarla en bodega, quedando artillado solo con 26 cañones de a VIII en la segunda batería”, se agrega en la misma fuente.

VISITADO
Si ante el punto donde estaría la nave bajo la arena, era altamente visitado, hoy lo es mucho más, pues el Oriflama está a la vista ahí en La Trinchera.
Del destino siguiente no hay información aún. No se ha establecido si se trabajará en reflote o si continuará ahí sepultado para continuar siendo una de las tantas embarcaciones míticas de las costas chilenas.

Por Homero Sepúlveda Pérez

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