Curicanos lloran la muerte de Arturito

CURICÓ.- Era común verlo por la Alameda Manso de Velasco, dentro de la sede curicana de la Universidad Católica del Maule, recorriendo diversos sectores con su andar cansino. Atravesaba tan despacio las calles que uno pensaba que lo podían atropellar, a veces sus mismos amigos humanos le gritaban “Arturo, Oso y Cabezón”; porque este gigante de cuatro patitas respondía por cualquiera de estos nombres.

Difícil saber cuántos años tenía Arturo, de seguro más de diez, era conocido por todos y era un verdadero líder de su manada perruna. Si uno no lo conocía, podía llegar a causar susto por su gran tamaño, pero Arturito era puro amor, uno le podía acariciar la cabeza y se quedaba quietecito. También te daba la mano a modo de saludo.

Hace poco se murió, su novia, Pelusa; los dos andaban juntos para todos lados. Ella lloraba, cuando Arturo se perdía; porque hay que decir que aunque viejito, el Osito, siempre fue enamorado y solía escaparse en búsqueda de alguna perrita que anduviera en celo.

Hubo varios intentos por llevarlo a un hogar, pero nunca se acostumbró al encierro. Le gustaba la calle y andar rodeado de su patota; lo que le gustaba era la libertad.

SU MUERTE

Quienes amamos a los callejeritos, sentimos una pena enorme, sobre todo, por las circunstancias de su muerte, atrapado en una alcantarilla en el ex Teatro Victoria. Al parecer, lloró varios días en búsqueda de auxilio, pero recién este jueves en la madrugada, lograron rescatarlo.

Qué pena, que a las autoridades les haya dado lo mismo el sufrimiento de este callejerito; que no se haya actuado a tiempo y así haber podido salvar a este peludo amigo que no le hacía daño a nadie.

Arturito es el reflejo de lo que vivimos como sociedad, la poca empatía hacia nuestros hermanos menores; para muchos es tan fácil deshacerse de los perritos cuando son viejos, botarlos, hacer como que no existen, cómo si no sintieran.

Es triste lo que pasó con Osito, pero espero de corazón que esto sirva para que muchas personas tomen conciencia que los perros no son bienes muebles, sino seres sintientes. De hecho, sufren más que algunos llamados humanos.

Todos esperamos que Arturito sea enterrado en un lugar lindo, el cerro Condell, es una posibilidad; y que así también pueda ser visitado por todos quienes lo conocimos y tuvimos la dicha de acariciarlo.

Vuela alto, Arturito, Cabezón, espero te reencuentres con tu Pelusa; y con otros callejeritos que han partido. Descansa, viejo lindo.

“Era callejero por derecho propio,

su filosofía de la libertad 
fue ganar la suya sin atar a otros 
y sobre los otros no pasar jamás 
aunque fue de todos nunca tuvo dueño 
que condicionara su razón de ser 
libre como el viento era nuestro perro 
nuestro y de la calle que lo vio nacer….” 


 

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